sábado, 26 de noviembre de 2005

Descanse en paz

El viernes me llegó por correo -postal, el de toda la vida- una carta de Añón informando de que al acabar el año cerrarán la empresa (parece que ya han desmontado la web: www.aigsa.es). Añón es la empresa que le hacía los grabados a A. y también donde hicieron las planchas para los monotipos de Moscardó que deberán aparecer en nuestro primer libro.
¡Qué desastre!
A. dice que debería aprender el oficio y montar un taller de grabados en vez de una imprenta. A mí la verdad es que aprender oficios no me da ninguna pereza, ya lo sabéis (una es que es muy rudimentaria), pero tampoco es cuestión de dispersarse demasiado.


P.D.: Por descontado, el que sepa de algún taller competente que avise.

jueves, 17 de noviembre de 2005

Planchas, grabados y gofrados

Para recuperar la rutina después del verano y tras algunos acontecimentos especiales (una no se casa todos los días) acordé con A. que iría a trabajar a la imprenta los jueves por la tarde. O sea, que hoy me toca. Pero ayer también fui. Ya no hay tanta gente que imprima con tipografía y existen trabajos que sólo se pueden hacer con estas máquinas y con este sistema así que a A. le llegan encargos desde otras imprentas, cosas especiales que A. quiere que aprenda. Así que ayer tiré unas cuantas tarjetas de visita con un gofrado. ¿Que qué es un gofrado? Pues un relieve. Se deben hacer dos planchas (una hembra y un macho) de tal forma que el motivo a gofrar esté en relieve en la plancha macho y vaciado en la plancha hembra. La plancha hembra se pegará sobre un piso de plomo (recordad el Lego: había piezas tipo ladrillo y luego otras que eran como chapitas con las que hacíamos los suelos y los techos de las casitas -eso las niñas, ¡claro!-; pues algo así: la plancha hembra debe colocarse sobre una base de ladrillos) y se impondrá en la platina. La plancha macho se pegará a la cama, se ponen los registros y ¡ala! a funcionar. Las planchas hembra y macho deben coincidir exactamente cuando se cierra la prensa para que, al colocar la tarjeta sobre el macho y cerrar la máquina el papel quede prensado entre ambas planchas.
Ya no quedan muchas empresas que se dediquen a hacer las planchas de gofrado, o los grabados de zinc, o planchas de fotopolímeros; y como los operarios que las hacen no tienen mucha idea de cómo se van a usar después; pues no hay día que vaya a la imprenta y A. no se queje porque le han hecho una chapuza en el grabadito.
Los editores que conozco que todavía imprimen con imprentas de presión han optado por comprarse su propia máquina de fotopolímeros. Las planchas de fotopolímeros no dan tanto relieve como las de zinc, pues son de una especie de caucho, de un material mucho menos resistente a la presión, pero hacen su papel si sabes maximizar sus resultados.
¿Que cómo se hace una plancha para tipografía? Pues la verdad es que las cosas han avanzado y ahora sólo hay que escanear el motivo a grabar (o diseñarlo directamente), trazarlo, y enviarlo a grabar como quien lo envía a imprimir.
Ya ves, al final tendré que retractarme de mi último mensaje (Digital, ¡agh!).

viernes, 28 de octubre de 2005

Digital, ¡agh!

Ayer, por fin, entregué el libro que me había estado ocupando y preocupando últimamente. En los últimos días he dormido poco y he trabajado mucho, no he ido a la piscina y tampoco me he puesto a escribir por aquí: había otras prioridades.
Hoy me he levantado tarde, para ver si recuperaba algo de mi salud perdida durante los últimos días, y dispuesta a acudir a la imprenta unas horitas (¡que me he levantado a las nueve y media, todavía tenía mañana por delante!). Pero he llamado a A. y... mecachis, no iba a estar: ¡hoy se va a recoger una imprenta digital nueva que se ha comprado!
El negocio es el negocio, hay que ser realistas, no como otra que yo conozco. Pese a todo, la tipografía prevalece.

Lista de máquinas
A. tiene en su taller seis chibaletes con tipos (a veinticinco cajas por chibalete... ¡no está mal!), cuatro máquinas de tipografía, dos máquinas de offset y hoy llegará la nueva máquina digital.

Las cuatro máquinas de tipografía son: una Heidelberg automática de aspas, según A. es la máquina que más dinero dio a ganar en los años sesenta. Tiene un sistema de aspas con unos embolitos que aspiran el papel, cuando el papel hace contacto con el aspa, unas pinzas lo agarran y lo colocan en los registros, la máquina imprime y el aspa gira de nuevo, ordenando el papel impreso en un nuevo montón al tiempo que otra aspa aspira y agarra un nuevo papel blanco. El caso es que la máquina trabaja sola y eso, qué duda cabe, parece de lo más rentable.

Además A. tiene una Hispania de tamaño folio prolongado. A esa máquina aspiramos R. y yo, y como sabéis la cosa ya está pactada. Dice A. que con esta máquina se pueden hacer muchos trabajos que el resto de máquinas no admiten, tendremos que rebautizarla: ¿la Polivalente? ¿la Todoterreno? En fin...

Luego está la Superrápida. Y en el nombre va lo bueno y lo malo de la maquinita. Es de alimentación manual y por mucho que ralentices la velocidad, esa máquina corre que se las pela. O sea, que hay que ser un maquinista muy experimentado para no pillarse las manos.
No es mi caso, de momento. La Superrápida tiene una platina de cuartilla prolongada, es una máquina pequeñita. Ah, olvidaba decir que la Superrápida puede funcionar a pedal. Ahí la velocidad de impresión dependerá de la pierna del maquinista. Opción no recomendable.

Por último, A. tiene su querida Boston. No sé exactamente el tamaño de la platina, pero me parece que no imprimirá más allá de 10x15. Ésta es una máquina de sobremesa, manual y ligera y fácil de utilizar. Es perfecta para hacer tarjetas de visita.

Como el offset y la impresión digital aquí no nos interesan, finalizaré ahora mi "rollo maquinero".

domingo, 23 de octubre de 2005

Correo indiscriminado o spam

En mi última anotación hablé un poquito de música y parece que ha sido como la miel, que ha atraído a las moscas: entre los comentarios se nos coló un mensaje de correo indiscriminado (o spam) por lo que he hecho uso de las facilidades que otorga blogger y he activado un filtro para los comentarios. Espero que sigáis escribiendo, los que habitualmente lo hacéis y aquellos que sé que leen pero no se dejan leer. Ahora, antes de poder enviar un mensaje, os saldrá una pantallita con letras y números que deberéis reconocer y teclear. Nada del otro jueves, el sistema habitual de la red.

P.D.: Eso me pasa por no centrarme en lo que toca, la imprenta.

domingo, 16 de octubre de 2005

Avec Moët-Chandon

El viernes R. y yo comimos con auténtico champagne Moët-Chandon. La botella nos fue regalada hace quince días (M. y E., que fueron de lo más generosos) y el viernes la ocasión lo merecía. Ya somos propietarios de los locales que en unos meses acogeran el taller tipográfico, entre otras cosas. Así que esta semana hemos estado de lo más ocupado entre banqueros y notarios.
Aún así, la semana nos cundió tanto como para ir el jueves, así, en un abrir y cerrar de ojos, a Barcelona. La investigación (para aquellos que no estén enterados debemos entregar el trabajo a finales de noviembre, este noviembre) para la BV ocupa ahora casi todo nuestro tiempo; y entre otros menesteres el jueves habíamos programado entrevistar a J.M.ª C., uno de los editores más longevos de España (Cataluña todavía es España ¿verdad?, a ver si me voy a equivocar). La cosa fue ir, entrevistar y regresar; y el día no acompañó nada. A la altura de Ulldecona R. y yo temimos por nuestra integridad física, el chaparrón se tornó en tormenta con una cortina de agua densa, tupida. Un poco de miedo pasamos, pero llegamos a casa sanos y salvos. El coche, también.
La entrevista fue tal y como esperábamos y resultó interesante conocer al señor C.


Mañana salimos de viaje hacia Galicia; nos espera una entrevista en Santiago de Compostela (también forma parte de la investigación), luego R. debe entrevistar a José Jiménez Lozano en Valladolid, esta vez para la revista Turia. Los dos esperamos ese momento con ilusión pues admiramos al caballero.
Tras la parada en Valladolid, continuaremos viaje hacia Madrid, donde retomaremos nuestras entrevistas para la BV: dos. Y de vuelta a casa.


Nuestro viaje a París, hace un par de semanas, fue bien. Andamos lo que no está escrito, visitamos librerías y, ¡claro!, compramos libros. Yo me hice con el Lexique des règles typographiques en usage à l'Imprimerie Nationale. Son 196 páginas con las reglas tipográficas y de estilo que rigen en aquel organismo. R. y yo pensamos que sería de utilidad para la edición de obras bilingües en francés. Sin embargo, ignoraremos sus reglas para el español, que las tienen. En la página 78, en la entrada "Espagnol (composition de l')" se dice que los signos de interrogación y exclamación "sont séparés des mots concernés par un espace fine insécable" (sic).
Por cierto, los amantes del plomo franceses andan revolucionados para salvar el patrimonio tipográfico de su imprenta nacional. El Estado francés ha vendido algunos de los edificios en los que reposaban los tipos de la imprenta y piensa deshacerse de todo lo que hay dentro. Podéis echar un vistazo aquí: www.garamonpatrimoine.org

P.D.: Intimida saber que a una la lee alguien que ni es de la familia ni es amigo. ¡Qué responsabilidad! Gracias por leer.
Escucho a Antony & the Johnsons, me gusta mucho "For today I am a boy". En días atrás he estado escuchando lo último de CocoRosie, en este nuevo disco -que me ha gustado mucho- colabora Antony: la canción se perfila como mi favorita del disco.

jueves, 15 de septiembre de 2005

Nadando

Ayer, por fin, volví por la piscina y nadé un rato. Ahora ya tengo mi abono anual; por un precio módico podré nadar todo el año: ya no hay excusas.

martes, 13 de septiembre de 2005

Vínculos

Estrenamos una sección con vínculos, para que visitéis las páginas que más me gustan. De momento, sólo os he ofrecido dos direcciones; pero pronto llegarán otras.

viernes, 9 de septiembre de 2005

La Oficina

¡Ya está! R. y yo nos hemos decidido por un pequeño bajo en una callecita que separa Burjassot de Godella. Allí estará ubicada la Oficina tipográfica futura, y también los despachos desde los que se escribirán las reseñas de La Vanguardia o se corregirán los libros más inverosímiles.
¡Qué ilusión y qué responsabilidad!

miércoles, 7 de septiembre de 2005

Verano oriental

Por estas latitudes no solemos comprar muchos libros sino que los envían las editoriales. El de Haruki Murakami se lo envió Tusquets a R. y fui yo la que lo leí con devoción. Lo acabé hace alguna semana y debo decir que en general me gustó; sin embargo, coincido con el crítico del ABCDelasartesylasletras (esa cosa moderna, con mucho blanco, mucha foto y poco texto que ha venido a sustituir al llorado ABC Cultural) en que le sobran las doscientas páginas centrales. Pero, ¡vale!, no consideraré haber perdido el tiempo: el libro me tenía enganchada desde las cien primeras páginas y me satisfizo en las cien últimas. Total: cuatrocientas páginas de sexo, alcohol, música y quebraderos de cabeza.

Aunque, como decía, aquí recibamos libros para corregir y libros para reseñar, también se compran y se aceptan como regalo.
Este verano me he comprado dos libros: Super-veloz, un tipo moderno de Andreu Balius y Alex Trochut, y La cocina japonesa de Harumi de Harumi Kurihara. Y J. y E. nos han regalado MoMa Highlights, el catálogo reducido -he de suponer- del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

El del supertipo veloz es un librito en octavo menor que no tendrá más de cuarenta páginas sobre la tipografía tan familiar ya para los lectores de tipomóvil. Tiene muchas ilustraciones, principalmente reproducciones de los catálogos que Trochut imprimió para promocionar su tipografía. El tipo parece que también se distribuyó con éxito en Francia por lo que ha resultado ser más internacional de lo que yo pensaba. También se cuenta, por supuesto, la historia de la familia Trochut y cómo Joan Trochut (el abuelo de uno de los autores del libro) dio con su invento.

La cocina japonesa de Harumi ha sido un capricho. Con las horas que he pasado dentro de la cocina de la Masía este verano parece que han rebrotado mis ganas de cocinar. Ya hacía tiempo que me apetecía aprender algún plato oriental y el lunes, dando una vuelta por la Fnac, topé con este libro. La tal Harumi parece que es algo así como Delia Smith en Inglaterra, ¿o quizás ahora la comparación deba hacerse con Jamie Oliver? No, mejor Delia. Harumi es una señora bien (la esposa de un conocido presentador de la televisión japonesa) que ahora ella también se ha convertido en un rostro conocido de la televisión, tiene su propia revista de cocina y parece que seguidores por toda la isla del Pacífico. El caso es que con estas credenciales pensé que no me tomaban el pelo: mejor comprar un libro de cocina japonesa escrito por la señora Kurihara que uno escrito por la señora Sánchez. ¡No hay color! Ya os contaré cómo nos va con el mirin, el dashi y el sushi. Entre Kurihara y Murakami estoy de lo más oriental, pero podéis estar tranquilos, mis ojos todavía son redondos.

viernes, 29 de julio de 2005

Lecturas no vacacionales

Se podría decir que estamos en el ecuador de las vacaciones y las cosas han tomado un rumbo insospechado. Nuestro segundo viaje a Bérgamo se cayó del programa hace semanas. Exactamente desde que nos concedieron la beca de investigación y fuésemos informados de que la entrega del trabajo es el 30 de noviembre. ¡Prisas, prisas y más prisas, qué estrés!
Al trabajo con la beca que, de momento, concentra R. se ha sumado un mes de julio repleto de libros para corregir. De hecho, desde el mes de abril se han sucedido las correcciones de manera vertiginosa -mi récord ha sido corregir el Tirant, versión íntegra, o sea 750 páginas, en 17 días-. También he podido leer en estos meses la crónica de la destrucción de las Indias de fray Bartolomé de las Casas y otras ricuras sobre la propiedad del patrimonio en el siglo XVII, la enseñanza del léxico español a extranjeros, o el "imperativo autobiográfico" -éste fue bastante interesante, no creáis-.
Así que Harry Potter quedó postergado y, finalmente, relegado al olvido. Tampoco he tenido mucho interés en acabarlo -creo que me faltan 40 páginas- porque... no me convence. Ahora he empezado a leer el que parece el libro de moda: Norwegian wood, o sea, Tokio blues, de Haruki Murakami. Digo yo que si los japoneses pueden comprar un libro con un título sacado de una canción de los Beatles, con más razón los españoles ¿no?
Pues no, a los editores les pareció que mejor ponían un título en inglés, pero otro. No puedo imaginarme la cara que debió poner el señor Murakami cuando le informaron del nuevo título de su novela; aunque me habría gustado verla.

Entre tanto trabajo nos dio tiempo a principios de julio a escaparnos a Madrid para ver La flauta mágica en el Teatro Real. Sí, el controvertido montaje de La fura dels baus y Jaume Plensa. A mí me gustó, también hay que decir que era la primera vez que iba a la ópera, y disfruté mucho. El fin de semana en Madrid también propició unas compritas para el taller de encuadernación y un par de escapadas: visita fugaz a Montalbanejo (el nuevo paraíso de R.: seis calles y ni un alma a la vista) y visita casi fugaz a Alcalá de Henares (muchas cigüeñas y la casa natal de Cervantes: nuestra pequeña celebración por el cumpleaños del Quijote).

De la imprenta poco tengo que contar, que con tanto trabajo he hecho pellas todo el mes. Y, la verdad, echo de menos la rutina. A ver si mañana me paso por el taller.