Después de dos semanas fuera de casa hoy vuelvo a encontrarme con el ordenador. Quince días en Madrid han dado para mucho: he podido ver una nevada como no la había vivido jamás, he podido coger un buen costipado (parece que ya se ha hecho el ánimo de abandonarme) y he aprendido algunas cositas sobre la edición de libros que, al fin y al cabo, era para lo que me iba a Madrid. ¡Ah! También he conocido Alcalá de Henares, que me ha parecido una ciudad preciosa: me ha sorprendido que todavía conserve muchos edificios de los siglos XV y XVI.
En mi último sábado en la imprenta (el 19 de febrero) me distraje componiendo una tarjeta con el Super Tipo Veloz. Este tipo es una idea que Joan Trochut, un tipógrafo catalán interesado por las vanguardias, diseñó durante la guerra civil. El Super Tipo Veloz consiste en diferentes módulos tipográficos combinables con los que se pueden construir todo tipo de letras y ornamentos.
En la década de 1930 las vanguardias se tornaron cotidianas gracias a la publicidad, que utilizó elementos del futurismo, del dadaísmo, de la Bauhaus o de De Stijl. Era la época del fotomontaje, de los carteles de Josep Renau y de las cajetillas de Ideales.
El Super Tipo Veloz está viviendo ahora una segunda juventud; los diseñadores gráficos han caído en la cuenta de que otros, antes, ya hacían cosas.
miércoles, 2 de marzo de 2005
lunes, 7 de febrero de 2005
La faena del matalafer
Un sábado más en la imprenta me ha llevado a deshacer mi composición de Bertolt Brecht. Los tipos deben volver a su sitio, o sea, y para ser más técnicos, los tipos deben ser distribuidos. Del texto de Bertolt Brecht saqué diez copias (bastante solicitadas, por cierto), ahora ya no existe el texto y no habrá nuevas copias.
Este sábado también tuve tiempo de aprender a hacer relieves con la imprenta. ¡Estas máquinas son una maravilla!
Este sábado también tuve tiempo de aprender a hacer relieves con la imprenta. ¡Estas máquinas son una maravilla!
viernes, 4 de febrero de 2005
De palabras bonitas y anglicismos
Todavía no he contado por aquí cómo me fue el sábado pasado en la imprenta. Pues me fue de maravilla. Por fin imprimí el poema de Bertolt Brecht que podéis leer más abajo y que tenía compuesto desde hace un par de semanas. A. comenzó explicándome las herramientas que usaban los maquinistas (en las sesiones anteriores yo había desempeñado labores de componedora) y posteriormente pasó a explicarme el funcionamiento de una de las imprentas que tiene, la Hispania II, una imprenta tipo Minerva.
De entre las herramientas del maquinista me llamó la atención que se debe tener a mano lo que hoy llamamos cutter y que A. dijo que en sus tiempos se llamaba lanceta. ¡Eso es un nombre castellano y lo demás son tonterías! Dado mi particular odio por el recurso fácil al anglicismo cuando el castellano es una lengua infinitamente más rica, esta anécdota me provocó tanta satisfacción como tener en mis manos la máquina de imprimir.
Entre las herramientas del maquinista hay otras palabras bonitas: mazo y tamborilete (éstas dos sirven para palmear -otra palabra bonita- el molde), bruza, galera, platina, cuñas...
De entre las herramientas del maquinista me llamó la atención que se debe tener a mano lo que hoy llamamos cutter y que A. dijo que en sus tiempos se llamaba lanceta. ¡Eso es un nombre castellano y lo demás son tonterías! Dado mi particular odio por el recurso fácil al anglicismo cuando el castellano es una lengua infinitamente más rica, esta anécdota me provocó tanta satisfacción como tener en mis manos la máquina de imprimir.
Entre las herramientas del maquinista hay otras palabras bonitas: mazo y tamborilete (éstas dos sirven para palmear -otra palabra bonita- el molde), bruza, galera, platina, cuñas...
martes, 1 de febrero de 2005
De Langa a Amsterdam
El domingo R. le prestó a Ch. La boda de Ángela, una de las últimas novelas de José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1930). Este periodista y escritor, ganador del premio Cervantes en el año 2002, tiene una sensibilidad especial que se refleja principalmente en sus diarios.
Jiménez Lozano escribe de vez en cuando artículos más que sustanciosos en la tercera de ABC. Y también se habló de eso. Y esta conversación nos llevó a las terceras páginas de los periódicos. Aquí no se les llama así, pero en Italia reciben el nombre de elzevirianas. El nombre les viene de la familia Elzevir, una saga de impresores holandeses que se inició con Louis Elzevir (1540-1617). Durante más de un siglo los Elzevir editaron libros que ya en su época y todavía hoy se reconocen por su calidad. Eran principalmente libros de un formato pequeño y su belleza radicaba principalmente en las tipografías utilizadas. Aquí entra en escena Christopher van Dyck, un tipógrafo alemán que diseñó los tipos que hicieron famosa a la editorial de Elzevir. Van Dyck no pasó a la historia por esto, supongo que son cosas de la antigüedad, sino que los tipos de Van Dyck hoy se conocen como elzevirianos y dan nombre a toda una serie de familias de tipos caracterizadas por ser robustas, legibles, sin mucho contraste entre las líneas finas y las gruesas y con delicados serifs.
Con este tipo de letra era con el que se componía el artículo principal de la tercera página de los periódicos italianos, y ya se sabe, aquí entró en juego la metonimia.
En España elzevirianas son las "ediciones hechas por estos célebres impresores. También se llaman así las impresiones modernas en que se emplean tipos semejantes a los usados en aquellas obras" (RAE dixit).
Para los anglosajones -que ya sabemos que son muy suyos-, lo que en el continente se llama elzeviriano es para ellos "old style", muy descriptivo, ¡mecachis en la mar!
Estoy escuchando las arias de Bach cantadas por la mezzo-soprano Angelika Kirchschlager con la Orquesta Barroca de Venecia. El cedé incluye arias de varias cantantas de Bach así como de la Pasión según San Mateo y del Oratorio de Navidad. Disco altamente recomendable.
Jiménez Lozano escribe de vez en cuando artículos más que sustanciosos en la tercera de ABC. Y también se habló de eso. Y esta conversación nos llevó a las terceras páginas de los periódicos. Aquí no se les llama así, pero en Italia reciben el nombre de elzevirianas. El nombre les viene de la familia Elzevir, una saga de impresores holandeses que se inició con Louis Elzevir (1540-1617). Durante más de un siglo los Elzevir editaron libros que ya en su época y todavía hoy se reconocen por su calidad. Eran principalmente libros de un formato pequeño y su belleza radicaba principalmente en las tipografías utilizadas. Aquí entra en escena Christopher van Dyck, un tipógrafo alemán que diseñó los tipos que hicieron famosa a la editorial de Elzevir. Van Dyck no pasó a la historia por esto, supongo que son cosas de la antigüedad, sino que los tipos de Van Dyck hoy se conocen como elzevirianos y dan nombre a toda una serie de familias de tipos caracterizadas por ser robustas, legibles, sin mucho contraste entre las líneas finas y las gruesas y con delicados serifs.
Con este tipo de letra era con el que se componía el artículo principal de la tercera página de los periódicos italianos, y ya se sabe, aquí entró en juego la metonimia.
En España elzevirianas son las "ediciones hechas por estos célebres impresores. También se llaman así las impresiones modernas en que se emplean tipos semejantes a los usados en aquellas obras" (RAE dixit).
Para los anglosajones -que ya sabemos que son muy suyos-, lo que en el continente se llama elzeviriano es para ellos "old style", muy descriptivo, ¡mecachis en la mar!
Estoy escuchando las arias de Bach cantadas por la mezzo-soprano Angelika Kirchschlager con la Orquesta Barroca de Venecia. El cedé incluye arias de varias cantantas de Bach así como de la Pasión según San Mateo y del Oratorio de Navidad. Disco altamente recomendable.
lunes, 24 de enero de 2005
Nuevo inquilino
Jorge Carla en Castellón
Los últimos trabajos de Jorge, una serie de papeles.
El viernes fui a Castellón. Jorge inauguraba exposición en la galería L'Algepsar. Es un sitio pequeño y modesto pero la exposición estaba muy bien montada. Los lienzos grandes impactaron bastante y también esta pared con papeles. Esto es de lo último que ha pintado Jorge, está de reformas en el estudio y ahora trabaja en casa.
Lo pasamos bien: un viaje cortito, un cafelito en la plaza, unas pipas, unos kikos... y una copita de cava en la galería. ¡¡¡Ah, y parece que Jorge vendió!!! Una jornada completa.
jueves, 20 de enero de 2005
Helene Hanff
El domingo por la tarde R. me ha invitado al teatro. Vamos a ver 84, Charing Cross Road, una adaptación de la novela con el mismo título de Helene Hanff. El libro en que se basa la obra de teatro no es exactamente una novela sino la reunión de la correspondencia que mantuvo Hanff con Frank Doel, un librero de viejo de Londres. Es un libro que leí hace unos meses y que me gustó mucho. No es que sea muy largo, apenas 200 páginas, pero en la primera toma de contacto con el libro me leí por lo menos 150 páginas. Luego pensé en lo que dice Javier Marías y dejé de leer (siempre hay que tener una lectura apetecible pendiente). Pero yo no pude resistirme mucho y al día siguiente lo acabé.
lunes, 17 de enero de 2005
La primera composición
El sábado volví a la imprenta e hice mi primera composición propia: un poema de Bertolt Brecht.
DE TODOS LOS OBJETOS
De todos los objetos, los que más amo
son los usados.
Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados,
los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera
han sido cogidos por muchas manos. Estas son las formas
que me parecen más nobles. Esas losas en torno a viejas casas
desgastadas de haber sido pisadas tantas veces,
esas losas entre las que crece la hierba, me parecen
objetos felices.
Impregnados del uso de muchos,
a menudo transformados, han ido perfeccionando sus formas y se han hecho preciosos
porque han sido apreciados muchas veces.
Me gustan incluso los fragmentos de esculturas
con los brazos cortados. Vivieron
también para mí. Cayeron porque fueron trasladadas;
si las derribaron, fue porque no estaban muy altas.
Las construcciones casi en ruinas
parecen todavía proyectos sin acabar,
grandiosos; sus bellas medidas
pueden ya imaginarse, pero aún necesitan
de nuestra comprensión. Y, además,
ya sirvieron, ya fueron superadas incluso. Todas estas cosas
me hacen feliz.
Poemas y canciones, Alianza.
DE TODOS LOS OBJETOS
De todos los objetos, los que más amo
son los usados.
Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados,
los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera
han sido cogidos por muchas manos. Estas son las formas
que me parecen más nobles. Esas losas en torno a viejas casas
desgastadas de haber sido pisadas tantas veces,
esas losas entre las que crece la hierba, me parecen
objetos felices.
Impregnados del uso de muchos,
a menudo transformados, han ido perfeccionando sus formas y se han hecho preciosos
porque han sido apreciados muchas veces.
Me gustan incluso los fragmentos de esculturas
con los brazos cortados. Vivieron
también para mí. Cayeron porque fueron trasladadas;
si las derribaron, fue porque no estaban muy altas.
Las construcciones casi en ruinas
parecen todavía proyectos sin acabar,
grandiosos; sus bellas medidas
pueden ya imaginarse, pero aún necesitan
de nuestra comprensión. Y, además,
ya sirvieron, ya fueron superadas incluso. Todas estas cosas
me hacen feliz.
Poemas y canciones, Alianza.
viernes, 14 de enero de 2005
Campgràfic y Gill
El nuevo libro de Campgràfic es una reedición de Un ensayo sobre tipografía de Eric Gill. El diseño del libro sigue las pautas de la editorial en lo que a papeles y diseño de la cubierta se refiere, sin embargo este nuevo libro es pequeño, muy pequeño para lo que nos tienen acostumbrados en Campgràfic, los márgenes son estrechísimos (ni rastro de la canon áureo que recuperara Tschichold de los incunables góticos), y la alineación es en bandera. Hojeo el libro por primera vez con curiosidad. Horas más tarde leo la nota de los editores donde encuentro una explicación. Un ensayo sobre tipografía es una edición cuasi-facsimilar, se han respetado al máximo las características de la edición original de 1931. La tipografía utilizada, por supuesto, es de Gill, la llamada Joanna, mucho menos conocida que la Gill Sans que todos habréis utilizado alguna vez.
A Gill le gustó llamarse a sí mismo escultor, y eso es lo que pone en su lápida. Estudió caligrafía con Edward Johnston, quien posteriormente crearía con la ayuda de su alumno aventajado -nuestro Gill- la tipografía del metro de Londres. Si bien existen algunas esculturas públicas de Eric Gill -su obra más famosa es un mural para los estudios de la BBC en Londres-, éste se hizo famoso por sus tipos. A él parecía que lo que le gustaba era el cincel y el grabado sobre piedra pero su amigo Stanley Morison -creador de la Times New Roman-, que en los años veinte era consejero tipográfico de la Monotype Corporation le empujó hacia el diseño de tipos para imprenta.
El caso es que no culpo a Gill del diseño que en 1931 creó para su ensayo: es feo pero cómodo a la vista. Gill estaba en contra de la compensación del espaciado para que las líneas quedaran justificadas, y no cabe duda de que en una lectura lineal la alineación a la izquierda es mucho más cómoda. Pero resulta que sólo nosotros -los correctores quiero decir- leemos letra por letra y de izquierda a derecha cada uno de los caracteres y espacios que se suceden en una página. El común de los mortales -y el corrector antes de irse a la cama- tiende a leer a golpes de vista de izquierda a derecha y de arriba a abajo haciendo una diagonal en la página. ¡Son cosas que pasan!
Estoy escuchando a los Jayhawks, me alegran la mañana.
A Gill le gustó llamarse a sí mismo escultor, y eso es lo que pone en su lápida. Estudió caligrafía con Edward Johnston, quien posteriormente crearía con la ayuda de su alumno aventajado -nuestro Gill- la tipografía del metro de Londres. Si bien existen algunas esculturas públicas de Eric Gill -su obra más famosa es un mural para los estudios de la BBC en Londres-, éste se hizo famoso por sus tipos. A él parecía que lo que le gustaba era el cincel y el grabado sobre piedra pero su amigo Stanley Morison -creador de la Times New Roman-, que en los años veinte era consejero tipográfico de la Monotype Corporation le empujó hacia el diseño de tipos para imprenta.
El caso es que no culpo a Gill del diseño que en 1931 creó para su ensayo: es feo pero cómodo a la vista. Gill estaba en contra de la compensación del espaciado para que las líneas quedaran justificadas, y no cabe duda de que en una lectura lineal la alineación a la izquierda es mucho más cómoda. Pero resulta que sólo nosotros -los correctores quiero decir- leemos letra por letra y de izquierda a derecha cada uno de los caracteres y espacios que se suceden en una página. El común de los mortales -y el corrector antes de irse a la cama- tiende a leer a golpes de vista de izquierda a derecha y de arriba a abajo haciendo una diagonal en la página. ¡Son cosas que pasan!
Estoy escuchando a los Jayhawks, me alegran la mañana.
martes, 11 de enero de 2005
Aprendiz
He empezado el año nuevo manos a la obra frente a la caja de tipos. Jamás lo habría imaginado.
A. L., impresor tipográfico de Godella, está dispuesto a enseñarme, y yo estoy más que dispuesta a aprender.
A. L., impresor tipográfico de Godella, está dispuesto a enseñarme, y yo estoy más que dispuesta a aprender.
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